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Te cuento un cuento


     

 

Aquella mañana, salió mamá cabra al mercado muy temprano,  se fue deprisa, no sin antes echar una intensa y cariñosa mirada a sus siete hijitos, que dormían plácidamente acurrucados en sus confortables  y mullidos lechos de hojas secas.


Lo de dormidos, era lo que ella, la mamá, pensaba…


Nada mas escuchar el sonido cuidadoso de la puerta que se cerraba al salir, saltaron de sus camas todos a una y sigilosamente, se colocaron a velocidad de vértigo, las botas, las bufandas y sus gorros y salieron uno a uno, sin dejar rastro, por la ventana del salón que nunca cerraba bien… corrieron agazapados y pegados unos a otros por el bosque cubierto de niebla y escarcha, hasta llegar a la cueva del lobo, llevando con ellos la caja de las galletas y sin olvidar, una bolsa grande de chuches, que su mamá guardaba para los domingos por la tarde.


Como la puerta estaba abierta al llegar, entraron en tromba empujándose unos a otros, cantando y saludando ruidosamente, como si estuvieran en su casa, hasta ver aparecer a la mamá loba y sus cachorros que los esperaban impacientes saltando alborozados llenos de alegría…


Entre todos extendieron en el suelo, el mantel de cuadros, mientras la mamá loba, con cierta urgencia, hacía un delicioso  y olorosísimo chocolate, que compartieron con gran placer y regocijo y que les hizo relamerse de gusto, entre risas y miradas de fiesta…


Al terminar, regresaron los siete por donde habían venido sin dejar de pasarse la lengua por sus respectivos hocicos, corriendo con pesadez por la barriga repleta, pero acelerando la marcha, se colaron por la ventana de un salto y con rapidez, se acurrucaron de nuevo en sus cómplices colchones, y cerraron los ojos pícaramente, cuando al instante, escucharon la voz de mamá cabra que llegaba acalorada de la compra y con toda seguridad, como hacía siempre, iba a entrar a ver a sus hijitos para ver si estaban bien…Al comprobar por sus ronquidos, que sus pequeños seguían profundamente dormidos, una dulce sonrisa le iluminó la cara y a continuacion,elevó los ojos al cielo  agradecida por tener unos hijitos sanos, tan disciplinados y obedientes...


Y colorín colorado.

 


                                                                              Marisol García Cano

                                                                                                                                      Diciembre  2025

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