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La felicidad


 

         La felicidad huele a mar, suena a mar, al oleaje suave de un día de verano con cielo azul y aves vigilantes de bañistas disfrutando de un alegre chapuzón.

            El mar era la felicidad de mi padre, que ansiaba aquellos días de vacaciones cuando nos llevaba a la familia a la playa de San Juan y nos enseñaba con paciencia a mi hermana y a mí a dar brazadas, y yo, un poco asustada, chapoteaba y manoteaba, pero no cejaba en mi intento de aprender a nadar.

            Mis abuelos eran también amantes del mar, del Cantábrico, de la envolvente Concha de la Bella Easo. Ellos me enseñaron a amar el color, el olor, el sonido y la grandeza de un lugar tan maravilloso como la playa de San Sebastián.

 

                                                           Rosa Mª Martín

             

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